Escrito en Noviembre 2014

Por Ian Cooke Tapia

“No fronteras, no banderas, no a la autoridad
no riqueza, no pobreza, no desigualdad
rompamos la utopía, dejemos de soñar,
arriba el mestizaje, convivir en colectividad
Gritaré que ardan las banderas por la fraternidad
que caiga el patriotismo y la hostilidad racial”

Mestizaje – Ska-P

 

En el 18 de Octubre del 2014, la cantautora Erika Ender presentó, en Miami,el Himno Nacional del Panamá, durante los National Anthem Awards. ¡Y vengan las voces! Oh, las voces que se han hecho escuchar en crítica a este inocente evento presentado por una artista nacional; oh, las voces que hanlanzado opiniones al aire como fuegos artificiales que se disipan después de asombrar con colorido ruido. Lo ocurrido fue lo siguiente: Erika Ender, cantautora panameña a la cual podría describir, en mi ignorancia musical, como Contralto (pero, ¿qué se yo de música?), se propuso a presentar el Himno Nacional de una manera novedosa y diferente, abriendo así un debate sobre legalidad, nacionalidad y patriotismo, la potestad artística, tradicionalismo como base para sociedad o como un impedimento al avance, et al; y todo esto con un simple canto del Himno Nacional.

Erika Ender, ignorando la subjetividad encarnada que es el gusto musical y el gusto por ciertas celebridades, canta bien. No sabía que esta persona existía hasta que me llegó el formado revulú que se difundió en las redes sociales. Con buena actitud, decidí investigar el asunto, ¿quién es esta persona, y por qué la gente está ñañequeando? – preguntas que me llevaron a escuchar el trabajo de Ender y llegar  la conclusión que mis opiniones sobre sus composiciones son variadas y no tienen nada que ver con el meollo de este artículo. Simplemente escrito, Erika Ender hace bien lo que hace bien; y sin querer ha abierto un debate sobre la relevancia cultural de los Símbolos Patrios, sobre la agencia que un artista ejerce, sobre qué un artista puede hacer y qué no puede hacer, y demás; elaboraré en estos temas más adelante.Todo porque quiso hacer algo, que, en su opinión, no tiene nada malo y más inocente puede ser; pues, todos nosotros que cantamos canciones populares a nuestra propia manera ya que no somos el artista original no se nos crítica al nivel que se le ha criticado a Ender.

Muchas personas, en cambio, no reaccionaron de la misma manera al escuchar la voz de Erika cantando, CANTANDO (y hago énfasis con esta palabra porque casi 12 años de ser forzado a “cantar” este himno cada lunes en la mañana me ha enseñado que nadie canta este pobre intento de composición), el Himno Nacional. Si ven el vídeo disponible sobre el evento, se dan cuenta que Erika Ender uso su juicio artístico y transformo el Himno Nacional, que, existiendo en su propio microcosmos, es tan emocionante como una gotera sin agua, en una pieza musical con cualidades disfrutables. Recalco mis más de doce años en el sistema educativo panameño, en el que, por alguna ley arcaica de los pasados años en los que el Estado creía que forzar una inyección de patriotismo crearía una entidad nacional, se nos obligaba a pararnos en filas, a las siete de la mañana, cada lunes del año lectivo, a cantar el Himno Nacional cuando lo que más quería era dormir; ¿saben lo que causó eso en mí, en mis compañeros y la gran mayoría de las personas que conozco? Rencor. Odio, en ciertos casos. Muy pocas personas conocen el Himno debido a que, como la psicología nos ha enseñado, obligar a alguien a hacer algo es la mejor forma de hacer que no lo hagan y le agarren tanto odio que decidan no hacerlo por despecho. En lo personal, el Himno Nacional no tiene nada interesante; pero entra Erika Ender en la ecuación y, de repente, puedo ver el Himno en nueva luz. Con su voz, Erika Ender le ha dado una necesaria inyección de energía a una composición, que ha sido tan embarrada de asociación negativa por la obligación de cada lunes, que no ha tenido de otra que ser escuchado como “esa ahuevazón que tenía que hacer cuando tenía mejores cosas que hacer”. Lo que quiero decir es que ella ha usado una de las cualidades claves de una persona creativa: su agencia, o juicio, para presentar algo que todos conocemos de una manera nueva, o diferente, así causando reacciones esperadas o inesperadas en la audiencia, reacciones que son auto-propagantes. Y con esto, se abren los debates; debates sobre la Ley, sobre la tradición, sobre el “irrespeto a los símbolos patrios” y más, y más, y más. Si hay gente que no le gustó; bien. Si hay gente que sí le gustó; bien. Cualquier discusión sobre la legalidad, o el derecho de Ender a cantar el Himno de esta manera lo dejaré para otros, por el simple hecho de que no estoy preparado ni encantado con el tema de las leyes o naciones; como canta Ska-P al principio de este artículo. En lo personal, la Ley debe ser seguida; pero al mismo tiempo cuestionada. Desde un punto de vista, el asunto en sí del debate socio-cultural creado por Ender es un caso de, como se dice en Panamá, “puro tilintilin, y nada de paleta”. Cualquier argumento o sustancia que tenga la discusión se acaba, ya que cuando hay otras cosas más importantes que escuchar o discutir. Lo que me lleva a salirme de tema y mencionar que esto es un argumento que se hace frecuentemente para eliminar el peso de problemas, argumentos o, sinceramente, lo que sea; y esto es que a comparación con problemas más grandes, todo problema es minúsculo. Y escribo esto para desmentir a ciertos grupos que como les gusta usar este tipo de argumento para que nos “concentremos” en lo que es más importante, en su vista. Decido reducir este argumento con esta frase: bajo la misma lógica que dice que discutir ideas o tener discusiones sobre temas que no tienen una relevancia mayor, no hay tema discutible u concepto en el que nos podemos amarrar seguramente frente a la inevitabilidad del fin del Universo y todo lo que conocemos y conoceremos. Ya que me he sacado eso del pecho, podemos proseguir e intentar encarrilarme.

Erika Ender, sin querer, ha hecho algo que, en mi opinión, es poderoso: ha creado un estado de existencia en la que la libre discusión de ideas; conceptos; la relación de estas ideas, y conceptos con su ambiente u falta de;la importancia de estas ideas; el significado del patriotismo, nacionalismo, y símbolos culturales; y más, se haya vuelto relevante. Yo soy creyente en que toda idea se puede discutir, y que el concepto de “la mejor cosa que existe” es que la misma existencia de esta “cosa” se puede discutir, ya que todos tenemos algo que es “lo mejor” que otros no van a coincidir. Voy a permitir que la mayoría de estos diálogos sucedan en otros lugares, para así enfocarme en la razón por escribir este artículo: el rol del artista como agente de cambio. Una de las tantas definiciones de artista es una persona que propone una forma diferente a algo establecido, así proyectando un estado de ser que antes no había sido considerado por observadores de un objeto, concepto u obra. Un ejemplo que me viene a la cabeza es arte con objetos encontrados; con los trabajos de Bill Woodrow y Donald Edwards como ejemplos, dos artistas que han trabajado la escultura, usando objetos ya existentes como su medio. Al usar sus habilidades artísticas, agencia y técnicas, ellos le han dado un nuevo significado a estos objetos, transformándolos de un estado a otro, o, quizás, simplemente dando la idea de que hay veces que un martillo es más que un martillo; en otras palabras, una herramienta está amarrada al uso, no a su estado en sí. Estos dos artistas son de la pinta que activamente usa sus habilidades para crear con estos objetos; pero dentro del mismo movimiento existen personas como Sarah Lucas, cuyo trabajo se enfoca en presentar objetos comunes sin ningún agregado más que la presentación que ella le da, haciendo uso de el bagaje psicológico de un observador; ella, al dejar que la imaginación de un observador juegue dentro de su trabajo, y con pocos detalles, le da las herramientas a este de poner el objeto en cuestión de una manera diferente; una cama deja de ser una cama cuando ya no se ve como una cama.

Hay diferentes doctrinas y formas de trabajar que usan el concepto de presentar cosas de una manera diferente. El Fanart, en el que artistas toman personajes famosos, populares y hasta históricos, y los presentan en maneras en las que ellos le gustaría verlos. Un ejemplo es el trabajo del artista Indonesio Agan Harahap, titulado “SuperHeroes“, que presenta a personajes de ficción moderna en eventos históricos, inmediatamente creando una conexión entre la relación personal que cada persona tiene por estos personajes, el poder de la fotografías históricas, y mensajes políticos. Con un simple concepto, Agan Harahap cambia el entendimiento de varios conceptos al mismo tiempo. El fan art, en ciertas medidas, llega a ser una grandiosa forma de transformación al hacer preguntas sobre personajes que, reales o no, tienen un efecto sobre el mundo. Sea dibujar a ciertos personajes en otro estilo, explorar diferentes situaciones literarias, o música que celebra otra música, el fanart, en principio, se dedica a presentar opciones posibles; cosas que pudieron, o pueden, o serán; y al hacer esto crea un continuo debate sobre el estado de ser y su permanencia o inmortalidad. Si una persona puede transformar un trabajo, ¿querrá decir que este trabajo no es tan inmutable como se pensaba? Preguntas. Eso es en lo que nos estamos enfocando, encuestionar, preguntar, debatir, y así abrir nuevas puertas a más preguntas, a más conceptos, a un mayor número de posibilidades. Quedarse en un solo lugar no avanza, no hace más nada que estancar, aburrir, y eliminar necesidades; y la necesidad es la madre de la invención.

Estos artistas se atreven a cuestionar el status quo del medio con el que trabajan, de los personajes que conocemos, o creemos conocer; y se atreven a pregunta: “cómo serían las cosas si esto fuera de otra manera”. Erika Ender, en mi opinión, se ha unido a esta lista de artistas-críticos, y lo ha hecho sin querer; o quizás yo estoy viendo yuca donde hay ñame. Al final del día, el revulú que se ha formado por su interpretación del Himno Nacional, para bien o para mal, es una fuente de discusión a la que debemos aferrarnos; una fuente de discusión que debemos aprovechar para traer otros temas, cualquier tema que sea relevante para uno o para muchos, a las mesas de debate. Desde un punto de vista de legalidad y sociedad, al sacudir los cimientos en las que se han establecido formas de pensar, estamos, en efecto, probando que tan fuerte es aquello sobre lo que hemos creado; desde un punto de vista de avance y tradición, al sacudir los cimientos podemos ver qué elementos de tradición son perjudiciales para nuestro avance, y cuales debemos mantener y hasta mejorar. Puedo entender por qué a muchas personas estos conceptos les pueden parecer desconcertantes, ya que, como Clive Barker dijó, “ficción nos muestra que el control que creemos tener es puramente ilusorio”. El rol de un artista es de un domino empujando a otros a acción; es de un terremoto arruinando todo; de una roca creando ondulaciones al caer en un charco; el rol de un artista es de ser un agente de cambio que hace que nos veamos a nosotros mismos y hagamos preguntas; y todo esto puede ser aterrador, pero es necesario. Jamin Warren ha dicho que cuando discutimos sobre que es, o no es, una forma de expresión artística, lo que estamos haciendo en realidad es discutiendo sobre que es verdaderamente bello en este mundo. En tal caso, a discutir, a preguntar, y aplaudir a Erika Ender por atreverse a abrir las puertas de un necesario infierno.

By | 2018-07-04T16:06:58+00:00 July 6th, 2017|articles, blog, writings|
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