Va a pasar otra vez

por Ian Cooke-Tapia

escrito en Noviembre 2016


en reacción al paso del Huracán Otto desde la costa Atlántica a la costa Pacífica de Centro América


En otro par de años se verá otro huracán, y quizás ése toque tierra en Panamá; quizás cruce el istmo, directamente en el medio. Otto podría ser descrito como una anomalía en el modelo anterior; pero en el año más caliente en el registro global, Otto va a ser la nueva normalidad. Y quizás estos huracanes venideros sean el martillo de un forjador para el que decide ser acero maleable; y no una piedra tirada por mano insensata a un delgado vidrio de la ventana de un taxi con asientos desaparecidos.

Desastres son como una Pandora, abriendo la caja en la que colectivamente se decide esconder los males de nuestra local humanidad, tanto en lo más alto, con la Estatal falta de sistemas de emergencia; como a lo más personal, con la falta de la simple idea de auto-preservación. Gente muere, gente pierde sus hogares, se interrumpe la vida, nos damos cuenta de la fragilidad de las ilusiones en las que nos edificamos; pero no se preocupen, la semana que viene vuelve a hacer un calor del diablo y hay un partido de fútbol. Dos meses después nadie recuerda qué pasó; un año después la conversación está olvidada… hasta que llega la próxima Pandora pasajera, ¿no?

El cuatro de julio del 2009, un sismo me arruinó las noches por meses; a eso de las dos de la mañana, mi cama se sacudió violentamente, y adornos alrededor mío me caen en la cara. Desde entonces, cualquier leve sacudida causada por camiones de la Coca-Cola pasándome a las tres de la madrugada me sacaban del sueño. La mañana siguiente se vio una conversación nacional sobre lo poco preparada que estaba la nación en caso de desastres, sea cuál sea. Postes de luz se cayeron, grietas aparecieron en edificios, hubieron deslaves; nada grave, pero cualquiera podría ver que, rayos, ¿qué hubiera pasado si fuera peor? La conversación murió, y si algo pasó no supe nada.

Cada año, las áreas con alta densidad de población se inundan; cada año se va la luz por buen rato por una u otra razón; cada año un rayo le ilumina el camino al río Estigia a un pobre diablo. Por un corto tiempo, nos damos cuenta de las falacias de la nación de Panamá; y cual venga la próxima fiesta, la siguiente preocupación que colectivamente distraiga, sea natural (cuando hace hambre, hace hambre), o creada por elites que buscan mantener sus poderes hegemónicos (fiestas patrias), se nos olvidan las palabras con las cuales conversar.

Y va a pasar otra vez. Y pasará el día en el que Pandora venga, nos con soplidos y deslaves y ahogados; pero con el borrador de una cabeza de agua a un pueblo que decidió ponerse algo muy cerca del río; con personas que aprenden a volar, aunque el único freno que tienen es el concreto del suelo, a 120km/h; y después con enfermedad causada por un colapso de infraestructura. Pandora regresará. Sea mórbido; pero sea beneficioso. Que Pandora nos enseñe, al abrir nuestra caja, las cosas que dejamos al fondo de la caja, agarrando moho y polvo, por razones complejas y variadas – desde la pereza colectiva, hasta la debilitación histórica del estado por otros, hasta la culturas manufacturadas, hasta la Tulivieja susurrando que, oh, eso no se hace.

Se entiende que los recursos son escasos, y que la “cosa está dura”. Menos yo puedo decir, a distancia, en otro mundo, con otra mente. Pero no mucho cuesta tomar responsabilidad, la menor, más básica responsabilidad personal que Maslow nos enseño en el ’43: protección personal. Va a pasar otra vez, y que si agarra a alguien con los pantalones abajo sea aquellos que a propósito toman costosas decisiones tardías; a aquellos que una agenda es más importante que una vida; aquellos que no hacen su trabajo, pues o no saben cómo rayos están en ese puesto, o no saben cómo hacerlo. Mucho sería que Pandora venga, y el chiste seamos nosotros; pero no va a ser así. Qué más queda, que prepararse para el próximo; y aceptar el presente desastre, quizás, como una forma para mejorar. Un huracán es una crítica constructiva, un ataque lógico y personal, contra la única defensa es un argumento de infraestructura y planeación.

Esperemos que cuando venga de nuevo, tengamos unos argumentos más fuertes.

Fin

By | 2019-06-05T09:57:10+00:00 November 23rd, 2016|Articles, blog, Palabras en Español, Writing|
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